UN RELATO DIVERTIDO: “Historia de un distraído”

Una de las características adjudicadas con frecuencia a los sabios e inventores es la de ser distraídos. Y si algún día se realizara el Campeonato Mundial Atemporal del Descuelgue, yo jugaría todas mis fichas a un señor llamado Andrés María Ampère, que es quien sentó las bases de la electrodinámica, o sea, de la rama de la física que estudia la acción de las corrientes eléctricas. Y esto, a su vez, fue lo que permitió la comprensión de los fenómenos electromagnéticos.  No en vano, la unidad de intensidad de las corrientes eléctricas lleva su nombre.

No fue una vida fácil la de Ampère, ya que su padre fue guillotinado por monárquico, y su esposa, con la que se casó de muy joven, también murió a los pocos años.  Pero, dejando de lado las pálidas, vayamos a algunas anécdotas de este genio distraído.

Un día en que salió de apuro de su casa, colgó en la puerta un cartel que decía: “He salido”.  Cuando volvió, leyó el cartel y se fue.  Otro día iba caminando por la calle, cuando se le cruzó una idea por la cabeza.  Aquí debo agregar que Ampère no sólo realizó grandes aportes al conocimiento, como físico, sino que también lo hizo como matemático en el área de las ecuaciones diferenciales (sea esto lo que fuere).  Bueno, el caso es que llevaba un pedazo de tiza en el bolsillo; con la vista buscó una pizarra, y la encontró, de modo que se puso a escribir ecuaciones.  De pronto su pizarrón se empezó a mover, y Ampère fue detrás escribiendo.  Hasta que el carro, cuya parte trasera estaba usando como pizarrón, anduvo tan rápido que se le fue con las ecuaciones.

En otra ocasión iba rumbo a una clase cuando descubrió una linda piedrita en el suelo.  La levantó y se puso a mirarla.  Pensando que llegaba tarde a su clase, sacó el reloj del bolsillo y miró la hora.  Se dio cuenta que, efectivamente, llegaba tarde, de modo que apuró el paso.  Al pasar por un puente guardó la piedrita en el bolsillo y tiró el reloj al agua.  

Una vez Napoleón fue de visita al Instituto donde trabajaba Ampère.  El sabio le preguntó: “Y usted, ¿cómo se llama?”.  A Napoleón le causó gracia la distracción, y lo invitó a cenar el día siguiente… Ampère olvidó la cita.  Hasta su muerte se debió a una distracción.  Un día llegó a su casa en medio de una lluvia torrencial.  Se tiró a dormir sin soltar el paraguas mojado.  Se agarró una pulmonía y murió.  

¡A JUGAR!

Como bien se sabe, no hay que andar distraído por la calle, ya que allí suceden muchos accidentes.  Uno, bastante desagradable, sería caerse en algún acceso a instalaciones eléctricas o de cloacas, cuyas tapas los empleados a veces olvidan colocar.  Estas tapas son generalmente redondas.  Y está bien que así sea. ¿Sabes por qué?  (La solución la puedes enviar a [email protected])

 

Fuente: Tomás Chinski, “ Personajes asombrosos y juegos” , Editorial Acme S.A., 1998.-